El corazón de Leila latía con fuerza. Kelvin pudo haber dicho esas palabras como si hablar de matarla fuera como hablar de dar un paseo, pero la mirada siniestra en sus ojos era suficiente para que ella supiera que lo decía en serio.
Ella se apresuró a bajarse del coche para huir, pero Kelvin ya estaba al otro lado esperándola. Sus ojos se abrieron de par en par ante su velocidad. Su aura no era lo único que había cambiado en él.
“No tienes por qué montar una escena ahora mismo”. Kelvin metió