Leila se giró para mirar el gran reloj de pared que colgaba a la entrada de la sala del tribunal con el corazón acelerado.
Era el día del juicio y ambas partes ya habían presentado sus alegatos iniciales. Se suponía que ahora debían llamar a Tatum al estrado para que prestara su testimonio, pero aún no había regresado del lugar al que fue a buscar a Kelvin.
Anoche hablaron por teléfono y él prometió llegar temprano, pero ahora ella no podía contactar con él, ni siquiera a través del enlace men