El Menor de los Males
ELAINE
Me acurruqué más en mi cama, envolviendo las mantas alrededor de mi frágil cuerpo aunque no tenía frío. No era la temperatura lo que me hacía temblar—era el rugido de mi estómago y el martilleo en mi cabeza.
El hambre tenía la capacidad de distorsionar todo, especialmente los sonidos. Las voces que venían del comedor flotaban en el aire, amortiguadas y lejanas, como si estuvieran bajo el agua.
Risas. El tintineo de los cubiertos. El suave murmullo de alguien sirvien