SOPHIE
¡Oh! Qué alegría es despertar enredada entre sábanas y entre las extremidades del hombre que casi te hizo enloquecer de placer la noche anterior. Con las gruesas cortinas del hotel bloqueando cualquier indicio de si el sol había salido, tuve que usar mis manos para buscar a ciegas mi teléfono en la mesita de noche para verificar la hora.
Cuando lo encontré, el número "3:02" parpadeaba en la pantalla.
Sentí alivio incluso antes de darme cuenta por qué.
La noche aún no había terminado.
Me r