TRAVIS
Finalmente había llegado: mi fiesta de compromiso.
El lugar era grandioso, como sacado de un cuento de hadas. Relucientes candelabros colgaban del alto techo, sus luces parpadeando en patrones rítmicos que hacían que todo pareciera casi irreal.
Todo era un borrón de personas con trajes de etiqueta y coloridos vestidos de gala, saludándose con las habituales sonrisas falsas y felicitaciones vacías.
Me pareció interesante cómo todos viajaron kilómetros para una simple fiesta de compromiso.