León
La noche estaba fría y silenciosa, pero en mi interior había un torbellino que no me dejaba en paz. Podía sentir cómo el aire helado se colaba por la rendija de la ventana, acariciando mi piel mientras yo permanecía sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, sosteniendo mi cabeza entre las manos. El reloj marcaba las dos de la madrugada, pero no podía dormir. No después de todo lo que había descubierto, no después de las verdades que había guardado tanto tiempo.
Cerré los oj