Sombras que nos persiguen
La lluvia caía sin tregua, golpeando con fuerza el parabrisas del coche mientras aceleraba por la carretera oscura que me llevaba directo a la vieja casa de Ana. La tormenta era un espejo de la tormenta que llevaba en el pecho: preguntas sin respuesta, secretos enterrados en capas de tiempo y un miedo sordo que se negaba a abandonarme.
En el fondo sabía que llegaba justo a tiempo. La incertidumbre se mezclaba con la urgencia, y mis manos apretaban el volante con fuerza