Mundo de ficçãoIniciar sessãoCapítulo 34
Entré a nuestra casa y sentí inmediatamente que algo estaba… diferente. Había una energía distinta en el aire, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo la respiración. Roman estaba sentado en el sofá, elegantemente recostado, con esa mirada calculadora que siempre me hacía sentir que estaba siendo examinada, diseccionada, juzgada. Pero no era él lo que me desconcertaba al principio.







