Capítulo 10
Terminé el beso con un esfuerzo que me quemó los pulmones, como si arrancara mis labios de un incendio que aún exigía oxígeno. Me aparté primero, apoyando la frente en su pecho por una fracción de segundo, lo justo para recuperar el control que siempre presumía tener. El aire me temblaba en los dedos. Sentí su respiración agitada, el latido violento bajo su piel, y supe —con una certeza que me heló la sangre— que lo había distraído. Lo suficiente.
Levanté la mirada despacio, con una