Adam
No puedo creerlo, no puedo creer que Luz se haya escapado y, para colmo, se haya drogado. Tengo tanta ira, pero juro que esa muchachita me va a escuchar mañana.
A la mañana siguiente, me levanto y me doy un baño antes de ir a la habitación de Luz. Cuando entro, no la veo en la cama; está en el baño vomitando. Me apresuro a sujetarle el cabello y dejo que lo saque todo. Cuando termina, se sienta en el suelo, y veo su cara pálida.
—¿Mejor? —le pregunto, y ella asiente. —Báñate y arréglate. Tú