Veo que Dante camina de un lugar a otro tocándose el cabello mientras yo me siento en un sillón tratando de controlar la ira que tengo.
-¡Mira, Dante! Por el hecho de que esté casada contigo no significa que puedas mandar en las decisiones que tomo en mi vida.
-¿Por qué quieres renunciar? ¿Acaso no te gusta trabajar conmigo?
-No es eso, Dante. Solo que nuestro matrimonio va en picada y el día que te canses de mí, tampoco me vas a querer tener aquí. Entonces, si eso llegara a pasar, prefiero t