A la mañana siguiente, Fernando salió a trabajar como de costumbre. Antes de irse, se despidió de Verónica y de su hijo con un beso rápido, sin imaginar todo lo que ocurría a sus espaldas.
Verónica observó cómo él se alejaba y, apenas escuchó cerrarse la puerta principal, una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.
Caminó lentamente por la enorme sala de la mansión, disfrutando de la tranquilidad y de la vida lujosa que había conseguido.
Sus planes seguían firmes.
Gracias a Marlon,
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