Corro al ver a James lleno de sangre y me asusto al pensar que esa sangre pueda ser de él.
—¡James! —empiezo a tocar su cuerpo, pero él me detiene.
—¡No toques esta sangre! No es mía. —Una brisa de alivio llegó a mí cuando James dijo que esa sangre no era suya. James y Liam se empiezan a quitar la camisa, dejando al descubierto sus perfectos cuerpos. Carol y yo nos miramos, para después quedarnos embobadas mirando a nuestros hombres, aunque ellos parecen molestos.
—¿Cómo les fue? —pregunto, pero