Me despierto al escuchar una máquina hacer ruido. Abro mis ojos lentamente y me doy cuenta de que estoy en una habitación de hospital. Intento moverme un poco hasta que escucho la voz de mi amado.
—¡Rose! Cariño, qué bueno que estás despierta —besa mi frente y, cuando se separa, veo sus ojos rojos.
—¿Estás bien? —digo, acariciando su rostro.
—Sí, amor. Lo importante ahora eres tú.
—¿Qué me pasó? —Cuando James va a hablar, la puerta se abre, dejando ver a un médico.
—Buenos días, señorita Rose. M