Mis manos tiemblan y mi corazón parece querer salir cuando veo ese traje de bebé en esa cajita con la nota. Veo a James, y él mira la caja con rabia, así que rápidamente me la arrebata y rompe la ropita con ira.
— ¡Maldito infeliz! —grita James, enojado, mientras yo no paro de llorar al verlo en ese estado.
— ¡James! Oye, cálmate, la estás asustando —Paolo lo toma del hombro, haciendo que este reaccione.
— ¡Sácala de aquí! —dice James, mientras se apoya en la mesa. Pero yo no quiero dejarlo; sol