Juego tras juego fui ganando, y cada vez los caballeros presentes en la mesa se sorprendían más, en especial Jack, que desde que llegué no ha parado de mirarme.
—Bueno, caballeros, yo me retiro del juego. Fue un placer jugar con ustedes —tomo las fichas y salgo de allí contoneando mis caderas porque sé que Jack me está mirando. Voy a la barra y pido un trago, pero cuando lo voy a pagar, aparece Jack y paga la bebida.
—Yo invito —me sonríe de una manera coqueta, y yo, con mucho esfuerzo, hago lo