A la mañana siguiente de la celebración, la madre de Julián no lograba quitarse de la cabeza las extrañas miradas que Camila y Erik habían intercambiado durante la cena.
Aunque no tenía pruebas, su intuición le decía que algo no estaba bien.
Decidió investigar discretamente antes de hablar con su hijo. Recordó la ocasión en que había visto a Camila cerca del hotel donde se hospedaba Erik y, poco a poco, comenzó a unir las piezas.
Mientras tanto, Julián vivía uno de los momentos más felices de s