La lluvia golpeaba con insistencia los vidrios del pequeño apartamento, como si el cielo mismo quisiera anunciar la tormenta que estaba por desatarse. Valeria observaba las gotas deslizarse lentamente, intentando calmar el torbellino de pensamientos que le llenaba la mente. Gabriel estaba sentado en el sofá, revisando una y otra vez los documentos que había recopilado para defenderse.
El silencio era espeso, cargado de una tensión invisible. Cada respiración parecía demasiado ruidosa.
—Gabriel…