La mañana siguiente amaneció más gris de lo habitual. Valeria se había quedado en vela gran parte de la noche, dándole vueltas a todo lo que había pasado con Gabriel y con Alexandre. El temor de que la ambición y el odio de su antiguo jefe destruyeran la vida de Gabriel la devoraba en silencio.
Mientras revolvía una taza de café frío, su celular vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Mónica:
“Podemos vernos en la tarde. Tengo que hablar contigo, es importante.”
Valeria se quedó mirando la panta