La oscuridad se apoderó de todo. No solo de la mansión, sino de todo lo que había sido. Valeria ya no estaba allí. Su presencia, aunque físicamente ausente, había dejado una marca en el tejido mismo del universo. Alexandre permaneció tendido en el suelo, las manos temblorosas sobre las tablas podridas del suelo de la mansión, su mente ya fracturada por todo lo que había sucedido.
No podía comprender completamente lo que acababa de ocurrir. El sacrificio había sido inevitable, pero ¿por qué Vale