La quietud que siguió al colapso de la mansión fue tan absoluta que Valeria no podía comprender si aún estaba consciente o si había cruzado finalmente el umbral entre los mundos. El vacío a su alrededor era profundo, casi insoportable, y sin embargo, una extraña calma la envolvía. Como si ya no perteneciera a ningún lugar, pero a la vez, como si en su ser comenzara a formarse algo nuevo, algo distinto.
El portal había quedado atrás, destruido por su propia decisión. Pero el precio de esa decisi