El hombre se desvaneció en la oscuridad del sótano, y Valeria se quedó allí, con el eco de sus últimas palabras retumbando en su mente. "No digas que no te lo advertí..." Cada sílaba estaba impregnada con una advertencia, con una amenaza que la empujaba a cuestionar todo lo que había hecho hasta ahora.
¿Estaba dispuesta a ir más lejos?
En ese momento, una fuerza interna, algo mucho más profundo que el miedo o la incertidumbre, la empujó hacia adelante. No podía parar ahora, no después de haber