Los pasos se acercaron con una calma inquietante, resonando en el suelo frío de piedra del sótano. Valeria, con el pulso acelerado, apenas se atrevía a moverse. La figura, ahora más cerca, se detuvo. Había algo en su postura que la hizo estremecer, como si ya supiera que alguien más estaba en el lugar. Valeria contuvo la respiración, deseando fundirse con las sombras.
De pronto, una voz suave y casi cortante rompió el silencio.
—Sé que estás ahí. —La voz era grave, autoritaria, pero también hab