El pasillo estaba en completo silencio. Cada paso de Alexandre retumbaba en la mansión vacía, como si el mismo lugar estuviera esperando su presencia. Había algo en el aire esa mañana, un peso que lo acompañaba, que lo rodeaba, y que solo se aligeraría cuando ella finalmente lo aceptara.
Al llegar frente a la puerta de la habitación de Valeria, no dudó. Su mano recorrió el contorno de la llave con una calma meticulosa, casi como si estuviera abriendo una jaula que él mismo había diseñado. No er