El frío mordía la piel, pero Valeria no lo sentía.
Solo escuchaba los pasos de Alexandre acercándose… cada vez más.
El niño escondió la cara en su cuello.
Su respiración temblorosa era lo único que la mantenía consciente.
Un paso.
Otro.
Otro.
Alexandre se detuvo justo al lado del camión donde ella estaba escondida.
Valeria apretó los dientes para no soltar un gemido.
Podía ver su sombra proyectada en el suelo, estirada por la luz de la farola.
Podía oler su perfume.
Ese aroma oscuro que conocía