Valeria corrió sin mirar atrás.
El niño se aferraba a su cuello mientras ella avanzaba entre las calles estrechas, las piedras húmedas resbalando bajo sus botas.
El viento helado cortaba la piel, pero nada importaba más que una cosa:
Alejarse de Alexandre.
—¡VALERIA! —la voz de él retumbó por toda la plaza.
Ese grito la atravesó como un rayo.
Corrió más rápido.
Alexandre no necesitó pensarlo dos veces.
Comenzó a perseguirla con pasos largos, seguros, como un lobo que sabe que la presa está heri