su merced. No era fuerte en el sentido físico, y los pocos movimientos de defensa personal que conocía no me servirían si alguien quisiera hacerme daño de verdad.
—Te enseñaré a luchar.
Sentí que mis cejas se elevaban hasta la línea del cabello ante sus palabras.
¿Enseñarme a luchar? Tenía en la punta de la lengua decirle que no, que la lucha y la violencia eran lo último que quería. Pero, ¿lo era realmente? Tenía que aprender a protegerme, no sólo de la mierda de Las Vegas, sino también de tod