Veo que Santiago observa a la bebé sorprendido y luego me mira a mí.
—Dios, ¿cómo pudieron abandonarte? —La tomo en brazos y la acerco a mi pecho—. Santiago, no la podemos dejar aquí.
—Es obvio que no la podemos dejar aquí. Hay que llevarla a la policía.
—Espera, ¿y si nos quedamos con ella solo por esta noche y mañana la llevamos a la policía? —Santiago me mira por unos segundos y luego asiente.
—Está bien, pero primero hay que comprar cosas para la bebé. —Nos subimos al auto y manejamos hasta