Alejandro suspiró frustrado mientras colocaba su teléfono sobre un pequeño trípode improvisado en el estudio.
—Ahora nos tomaremos unas fotos —dijo, ajustando el dispositivo—. Pondré el teléfono aquí para que las tome automáticamente, y tú te colocas aquí conmigo.
Camila se paró a su lado, incómoda y sin saber muy bien cómo posar. Alejandro intentó sonreír, pero el resultado no fue lo que esperaba.
—Maldición —murmuró, rascándose la cabeza—. No sé cómo hacer que estas fotos salgan bien.
Camila