Alejandro tomó aire y caminó hacia ella con pasos firmes, pero con el corazón encogido. Había tantas emociones acumuladas en su pecho que temía desbordarse en el momento menos oportuno. Sin decir una palabra, rodeó con los brazos a Irma y la atrajo hacia él con fuerza, como si en ese abrazo pudiera protegerla de todo lo que estaba por venir. Cerró los ojos, intentando calmarse, mientras una sola idea lo sostenía: pronto se haría justicia… y la memoria de Camila volvería a ocupar el lugar que me