La sala estaba iluminada por una tenue luz cálida, y el ambiente se sentía acogedor. Risas suaves, conversaciones cruzadas y el sonido lejano de una música instrumental envolvían a la familia Ferrer en una atmósfera de armonía. Alejandro estaba sentado en uno de los sofás principales, con su hijo en brazos. El infante dormía plácidamente, ajeno al mundo que lo rodeaba, con una expresión de paz que enternecía a todos.
Isabella, sentada cerca, miraba a su nieto con ojos llenos de amor.
—Será herm