“Un silencio que duele”
La casa estaba en silencio. Un silencio espeso, lleno de memorias flotando en el aire, como si cada rincón susurrara el nombre de Camila.
Marta estaba sentada en una pequeña silla de madera junto a la ventana. La cortina blanca se movía lentamente con la brisa de la tarde, dejando que el sol acariciara el rostro cansado y bañado en lágrimas de aquella madre rota por el dolor. Sus manos temblaban sobre su regazo, y sus ojos, hinchados y rojos, miraban sin ver a través de