En la sombra de la culpa
El sonido de los barrotes al cerrarse detrás de él resonó con fuerza en la pequeña celda. Alejandro se quedó de pie por un momento, observando el suelo de concreto gris bajo sus pies. El olor a humedad y encierro se le metió en la nariz, mezclándose con el hedor a sudor y desesperación que impregnaba el ambiente.
Suspiró pesadamente y caminó hasta el incómodo banco de cemento adosado a la pared. Se dejó caer en él, inclinando los codos sobre sus rodillas, y hundió las m