Alejandro seguía impactado por la noticia que su abogado le había dado. No podía creerlo. Camila ya no era su esposa. Aunque él no había firmado nada, ella había tomado esa decisión por su cuenta, dejándolo fuera de toda posibilidad de impedirlo. Ese pensamiento lo atormentaba. Se pasó una mano por el cabello, respirando hondo mientras intentaba asimilarlo.
Andrés, que había estado observándolo en silencio, cruzó los brazos y se apoyó en el borde del escritorio.
—No te preocupes —dijo finalment