Alejandro cerró los ojos bajo el agua caliente de la ducha.
Respiró hondo, tratando de controlar el torbellino de sensaciones que lo dominaban, pero fue en vano. Su deseo por Camila era tan real como el agua que caía sobre él. Con un estremecimiento final, dejó que el recuerdo lo consumiera por completo. Jadeante, apoyó ambas manos contra la pared de la ducha, intentando recuperar la compostura.
"Maldita sea, Camila...", susurró entre dientes.
Terminó de ducharse y salió del baño, envuelto en u