La oscuridad de Margaret
Margaret estaba en su habitación, de pie junto a la ventana. Sus ojos se perdían en la lejanía, con el ceño fruncido y los labios presionados en una línea de frustración. Su corazón latía con fuerza, pero no de amor, sino de enojo y resentimiento. No quería saber nada de su hijo. Todo en su interior clamaba por venganza y justicia a su manera.
Un suave golpeteo en la puerta la sacó de sus pensamientos. —Adelante —dijo con voz firme sin siquiera voltear.
Isabela entró, c