La mansión Villarreal quedó en completo silencio después de que Miranda se quedara dormida por el agotamiento emocional.
Alejandro permanecía sentado a su lado, observándola con preocupación. Nunca la había visto tan destruida.
Las lágrimas secas sobre sus mejillas y el temblor de sus manos le rompían el alma.
En ese momento, uno de sus abogados entró cuidadosamente a la habitación.
—Señor Villarreal… ya logramos contactar al mejor bufete familiar de la ciudad.
Alejandro se levantó lentamente p