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capitulo 21: entre la vida de gala y el misterio de miranda

Alejandro intentó disimular la confusión que sentía al mirar a Miranda, pero durante todo el camino hacia la reunión no pudo dejar de pensar en los ojos de aquella mujer del club.

Mientras viajaban en el auto, el ambiente era incómodo y silencioso. Miranda, nerviosa, evitaba mirarlo directamente para no levantar sospechas.

Fue Alejandro quien rompió el silencio.

—¿Siempre usa lentes de contacto?

La pregunta tomó por sorpresa a Miranda.

Ella intentó mantener la calma.

—No, señor Villarreal. Son mis ojos naturales.

Alejandro asintió lentamente, aunque la duda seguía creciendo en su mente.

Al llegar al elegante restaurante donde se realizaría la reunión, varios empresarios saludaron a Alejandro con respeto. Miranda lo acompañó llevando las carpetas y tomando nota de los acuerdos importantes.

Emma, llena de rabia, había decidido seguirlos sin que ellos lo supieran.

Desde lejos observaba cómo Miranda comenzaba a desenvolverse perfectamente en el evento, y eso solo aumentaba sus celos.

Durante la cena empresarial, uno de los inversionistas extranjeros confundió a Miranda con la pareja de Alejandro debido a la forma elegante en la que ambos entraron juntos.

—Su esposa es muy hermosa, señor Villarreal —comentó el hombre con una sonrisa.

Miranda se puso nerviosa de inmediato.

Pero Alejandro respondió con frialdad y profesionalismo:

—Ella es mi asistente.

Aunque la respuesta aclaró la situación, el comentario dejó un ambiente incómodo entre ambos.

Más tarde, uno de los empresarios intentó coquetear con Miranda y Alejandro notó cómo el hombre insistía demasiado en acercarse a ella.

Sin entender exactamente por qué, Alejandro comenzó a sentirse incómodo con la situación y decidió intervenir.

—Miranda, necesito revisar los contratos ahora mismo.

Ella entendió de inmediato que Alejandro la estaba apartando de aquella conversación y lo siguió rápidamente.

Mientras revisaban los documentos en un salón privado, Alejandro volvió a quedarse observando sus ojos.

Entonces le hizo una pregunta inesperada:

—¿Nos hemos visto antes en otro lugar?

El corazón de Miranda se aceleró.

Por unos segundos sintió que Alejandro finalmente la había descubierto.

Pero antes de que pudiera responder, el teléfono de Alejandro sonó.

Era una llamada urgente del hospital relacionada con Gala.

La tensión cambió de inmediato.

Alejandro respondió rápidamente y su expresión se volvió seria.

—Entiendo… voy para allá ahora mismo.

Después de colgar, guardó el teléfono y respiró profundamente, intentando mantener la calma.

—La salud de Gala empeoró. Debo ir al hospital.

Miranda sintió preocupación al verlo tan alterado.

—Espero que la señora Gala se encuentre bien.

Alejandro asintió levemente y ambos regresaron al salón principal, donde los inversionistas continuaban conversando.

Con total profesionalismo, Alejandro se acercó a ellos y estrechó algunas manos.

—Disculpen mi salida repentina, señores. Surgió una emergencia familiar y debo retirarme.

Mi asistente les enviará mañana los documentos pendientes.

Los empresarios comprendieron la situación y le desearon lo mejor para Gala.

—Esperamos que su esposa se recupere pronto, señor Villarreal.

—Gracias, se los agradezco.

Después de despedirse cordialmente de todo, Alejandro volvió a mirar a Miranda.

—La llevaré a casa primero.

Pero Miranda negó suavemente con la cabeza.

—No se preocupe, señor Villarreal. Yo puedo tomar un taxi.

Alejandro dudó unos instantes, pero finalmente aceptó.

—Está bien.

Mañana hablaremos de los documentos pendientes.

Sin decir nada más, salió rápidamente del restaurante.

Miranda permaneció quieta observando cómo se alejaba.

Por primera vez, sintió miedo de que Alejandro estuviera cada vez más cerca de descubrir la verdad sobre aquella noche en el club.

Alejandro llegó rápidamente al hospital, visiblemente preocupado.

Apenas entró, buscó al doctor encargado.

—¿Dónde está el doctor?

¿Qué pasó?

¿Por qué trasladaron a Gala de la mansión al hospital? —preguntó con evidente angustia.

Minutos después, el médico apareció y lo miró con seriedad.

—Señor Villarreal, la señora Gala empeoró la salud.

Tuvimos que trasladarla de inmediato porque su estado es muy delicado.

Alejandro sintió cómo el corazón se le encogía al escuchar aquellas palabras.

—¿Qué tan grave está?

El doctor suspiró antes de responder.

—El cáncer está avanzando más rápido de lo esperado y la quimioterapia no está dando los resultados que esperábamos.

Necesitamos dejarla hospitalizada durante algunos días para monitorear su evolución.

Alejandro pasó una mano por su rostro, intentando mantener la calma.

—¿Qué debemos hacer?

—Necesitamos que firme una autorización para aumentar la intensidad de la quimioterapia y estabilizarla lo antes posible.

Alejandro no dudó ni un segundo.

—Hagan todo lo que sea necesario para salvarla.

El doctor asintió y le entregó unos documentos para firmar.

Después de hacerlo, Alejandro levantó nuevamente la mirada.

—¿Puedo entrar a verla?

—Sí, señor Villarreal. Pero procure no alterarla demasiado.

Alejandro caminó lentamente hasta la habitación de Gala.

Al entrar, el impacto fue inmediato.

Verla tan frágil sobre aquella camilla, conectada a varias máquinas, le produjo una profunda tristeza.

La mujer fuerte y elegante que siempre había conocido ahora parecía débil y cansada.

Alejandro se acercó despacio y tomó una silla para sentarse a su lado.

Durante varios minutos permaneció en silencio, observándola dormir mientras escuchaba el sonido constante de los monitores.

Por un momento, todo el estrés de la empresa y los problemas desaparecieron de su mente.

Solo estaba Gala.

Solo importaba salvarla.

Las horas pasaron lentamente hasta llegar casi a la medianoche.

Entonces, una enfermera que también atendía a Gala en la mansión entró cuidadosamente a la habitación.

Al ver a Alejandro dormido en la silla, se acercó con delicadeza y lo despertó suavemente.

—Señor Villarreal…

Alejandro abrió los ojos lentamente.

—¿Qué sucede?

—Debería ir a descansar un poco. Yo me quedaré cuidando a la señora Gala esta noche.

Alejandro miró nuevamente a Gala antes de ponerse de pie.

Aunque no quería alejarse de ella, el cansancio comenzaba a notarse en su rostro.

—Está bien.

Antes de salir de la habitación, miró seriamente a la enfermera.

—Le agradeceré que me mantenga informado de todo… a cualquier hora.

—Claro que sí, señor Villarreal.

Alejandro asintió levemente y salió del hospital con el corazón lleno de preocupación.

Sin embargo, mientras caminaba hacia el estacionamiento, una imagen volvió inesperadamente a su mente.

Los intensos ojos azules de Miranda.

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