Mundo ficciónIniciar sesiónAl ver que aquella mujer no aparecía por ningún lado, Alejandro decidió abandonar el club y regresar a su mansión.
Durante todo el camino, la frustración y la ansiedad lo acompañaron. No entendía cómo una desconocida había logrado meterse de esa manera en sus pensamientos. Por otra parte, Miranda estaba en su apartamento acostando a Thiago. Había tenido un día pesado en la oficina y el cansancio se reflejaba en su rostro. Apenas logró dormir al pequeño, se dejó caer sobre el sofá, intentando despejar su mente. Minutos después, la puerta del apartamento se abrió de golpe. Candy entró agitada y respirando con dificultad. —¡Candy! ¿Qué pasó? ¿Por qué llegas así? ¿Te ocurrió algo? —preguntó Miranda, alarmada. Candy negó rápidamente con la cabeza. —No, no pasó nada… Vine corriendo para contarte algo. Miranda frunció el ceño. —¿Qué sucede? Candy se acercó emocionada. —Hoy vi a Alejandro en el club. Estaba sentado en el bar… como si te estuviera buscando, Miranda. Ella la miró incrédula. —No lo creo. Debe estar buscando a alguien más. No es la primera vez que él asiste a ese club. Candy negó rotundamente. —No, Miranda. Era a ti. Ese hombre no se movió ni un segundo de su lugar. Había mujeres acercándose para llamar su atención y él ni siquiera las miraba. Amiga, ese hombre quedó flechado contigo. Miranda bajó la mirada, nerviosa. —Debes decirle que eres tú, la mujer de aquella noche. —No, Candy… no puedo. Ahora él es mi jefe. Candy soltó una pequeña risa. —¿Y qué importa? Así podrían estar juntos. Miranda la interrumpió de inmediato. —¡Candy, no! Prométeme que no dirás nada. Él tiene esposa… y está enferma. Es una buena mujer. No podría destruir su matrimonio ni apartarlo de ella. No sería justo. Por favor, prométeme que guardarás este secreto. Eres mi amiga y esto no puede salir a la luz. Candy suspiró antes de responder: —Está bien… no diré nada. Pero tú no sabes aprovechar las oportunidades que te da la vida. Miranda sonrió con tristeza. —Ahora estoy bien así. Mi hijo tiene sus tratamientos, ya no vivimos en aquella vecindad llena de humedad y malos tratos. Míranos ahora, Candy… por fin estamos tranquilos. Tú también deberías pensar en buscar otro trabajo. Candy se dejó caer en el sofá y cruzó los brazos. —Ahora no. Quiero disfrutar de mi vida y del dinero que gano con esos magnates. Después pensaré en algo más serio. Miranda la observó en silencio, mientras en el fondo de su corazón sabía que el destino seguía empeñado en acercarla peligrosamente a Alejandro Villarreal. Miranda llegó nerviosa a la oficina aquella mañana. Después de la conversación con Candy, apenas había podido dormir. Durante toda la noche, los pensamientos sobre Alejandro no dejaron de atormentarla. Intentó actuar con normalidad, pero desde que entró a la empresa evitó mirarlo directamente. Mientras organizaba unos documentos en su escritorio, el teléfono interno sonó. —Miranda, venga a mi oficina un momento —ordenó la voz firme de Alejandro. Ella sintió cómo su corazón se aceleraba. Tomó los papeles que él necesitaba y caminó lentamente hasta la oficina principal. Al entrar, el ambiente elegante y el aroma masculino que inundaban el lugar hicieron que los recuerdos de aquella noche regresaran de golpe. Pero esta vez no fue solo ella quien reaccionó. Alejandro levantó la mirada apenas Miranda se acercó al escritorio. El suave perfume que llevaba provocó que su cuerpo se tensara de inmediato. Era el mismo aroma. El mismo perfume que había quedado impregnado en su memoria desde aquella noche en Eclipse. Sus ojos se clavaron intensamente en ella mientras intentaba unir todas las piezas que rondaban en su cabeza. Miranda comenzó a ponerse nerviosa al notar la forma en que él la observaba. —¿Sucede algo, señor Alejandro? —preguntó, intentando mantener la calma—. ¿Me equivoqué en algo? Alejandro se levantó lentamente de la silla sin dejar de mirarla. —Ese perfume… Miranda sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. —¿Qué tiene? —preguntó con la voz temblorosa. Alejandro se acercó un poco más. —Siento que ya lo he percibido antes… ¿Nos conocemos de algún lugar? Miranda quedó paralizada durante unos segundos. No se había dado cuenta de que el perfume que Candy le había regalado era exactamente el mismo que había usado aquella noche. Desvió rápidamente la mirada. —No… debe estar confundido, señor. Compré este perfume ayer. Sin esperar otra pregunta, dejó los documentos sobre el escritorio y salió rápidamente de la oficina. Alejandro permaneció inmóvil, observando la puerta cerrarse frente a él. Había algo extraño en Miranda. Su voz, su perfume, la forma en que reaccionaba cuando él se acercaba… Todo dentro de él le gritaba que no estaba equivocado. Mientras tanto, Miranda caminó apresuradamente hacia el baño de mujeres. Apenas entró, cerró la puerta con seguro y llevó una mano a su pecho, intentando controlar su respiración agitada. —Dios mío… estuvo a punto de descubrirme —susurró aterrada. En ese momento, su teléfono vibró. Era un mensaje de Candy: “¿Ya viste a tu jefe hoy? Miranda cerró los ojos con frustración antes de responder rápidamente: “Sí… y casi descubre que fui yo.”






