Al separarme unos centímetros, le susurré:
—Ya tengo que irme.
Antes de que diera un paso, volvió a agarrarme del brazo, esta vez un poco más seguro.
—¿A dónde vas? —preguntó.
Lo miré, sostuve la mirada, apreté un poco el ramo.
—Al parecer los niños ya entendieron la lección —dije—
Cuando llegué a l