Era la voz de Martín, con el olor a alcohol que me golpeó al mismo tiempo, una mezcla de whisky viejo conocido. Sus manos empezaron a recorrerme más, con más confianza, y ahí sí me levanté, estiré la mano y encendí la lámpara
Estaba hechado en mi cama con la camisa desabotonada, el cabello despeina