—No… —dijo Rosa, soltándole los hombros—. No la merece… pero tú ya estás ocupando el lugar que él dejó vacío, y estoy segura de que ella lo está empezando a notar… tú solo no te rindas…
La casa se había vuelto fría por la ausencia de Martín. Aun así, esa tarde llegó antes de lo normal y, apenas cruz