Lo gritó, esa palabra le salió con gusto, como si llevara años esperando el momento.
Las caras alrededor de la mesa cambiaron al instante, incómodos, con esa mezcla de morbo y juicio que la gente se guarda para estas ocasiones, Camila apretó la servilleta con las dos manos, Monica apretó los labios, la atmósfera se volvió demasiado tensa
Martín la miró un segundo, como si no terminara de creer lo que estaba haciendo, luego reaccionó, la tomó del brazo con fuerza.
—¿No te dije que ya estaba harto de estos escándalos? —le soltó, la mandíbula apretada.
Ella lo miró, confundida por la reacción, como si hubiera esperado otra cosa, aplauso, apoyo, algo distinto.
—Lo hice por ti —insistió, subiendo el tono—, ella te está engañando, te está viendo la cara delante de todos.
—Cállate —grito el
—¡Es la verdad! —gritó ella—. ¡Te está engañando!
Él la miró, clavándole los ojos, y respondió sin pensarlo más, con esa rabia que ya no se estaba conteniendo.
—El que estaba en la ducha soy yo —dijo—. Yo