Entraba con un vestido rojo pegado al cuerpo, joyas brillando como si viniera a una alfombra roja y una fuente con comida entre las manos, mi sorpresa fue enorme, esta mujer no tiene sangre en la cara… pero eso, en el fondo, me servía a lo grande
Sentí la mano de Martín apretarse sobre la mía, fuerte, cuando lo miré tenía en el rostro una mezcla de sorpresa, miedo y colera….. sin darnos cuenta Rebeca ya estaba frente a nosotros, como si nadie hubiera intentado detenerla
—Buenas tardes, don Alej