Entraba con un vestido rojo pegado al cuerpo, joyas brillando como si viniera a una alfombra roja y una fuente con comida entre las manos, mi sorpresa fue enorme, esta mujer no tiene sangre en la cara… pero eso, en el fondo, me servía a lo grande
Sentí la mano de Martín apretarse sobre la mía, fuerte, cuando lo miré tenía en el rostro una mezcla de sorpresa, miedo y colera….. sin darnos cuenta Rebeca ya estaba frente a nosotros, como si nadie hubiera intentado detenerla
—Buenas tardes, don Alejandro… señora Mónica… Camila… —dijo con esa voz suave de mosca muerta, sonriendo como si todo estuviera en paz—, perdonen que aparezca así, solo quise traerles esto como disculpa por la última vez
Dejó la fuente en la mesa como si fuera su casa, como si ese restaurante, esa mesa y hasta Martín fueran de su propiedad
Justo el soltó mi mano y se puso de pie rápido
—Rebeca —soltó en advertencia
Ella lo ignoró con una facilidad y se giró directo hacia Camila, como si el resto no existiera
—Camila… —