Rebeca entró gritando apenas nos vio tan cerca, como si la imagen de Martín a mi lado le quemara. Su mirada pasó de él a mí como si pensara que había interrumpido algo.
—¿Qué está pasando aquí? —soltó, aguda, casi encima de nosotros—. ¡Martín, dime qué m****a es esto?!!
Se vino hacia nosotros hecha una furia, pero se frenó en seco cuando por fin miró la mesa.
La cena aún humeante, el vino servido, los vasos listos, y en el centro, el pastel con letras claras, blancas… “Feliz cumpleaños, Martín”.
La cara se le desacomodó.
La rabia se le cortó un segundo, se le abrió paso el asombro, y lo miró a él con los ojos grandes, como si la fecha le cayera encima de golpe…
El cumpleaños.
Nicolás y Catalina estaban detrás, cerca del umbral, y les vi la misma reacción, esa culpa…..se miraron entre ellos, nerviosos, como dos niños atrapados con la mano en el frasco, y Nicolás murmuró…..
—¿Es el cumpleaños de papá?
El silencio duró un segundo, lo justo, porque Rebeca se recompuso rápido, demasiado rá