Rebeca entró gritando apenas nos vio tan cerca, como si la imagen de Martín a mi lado le quemara. Su mirada pasó de él a mí como si pensara que había interrumpido algo.
—¿Qué está pasando aquí? —soltó, aguda, casi encima de nosotros—. ¡Martín, dime qué m****a es esto?!!
Se vino hacia nosotros hecha una furia, pero se frenó en seco cuando por fin miró la mesa.
La cena aún humeante, el vino servido, los vasos listos, y en el centro, el pastel con letras claras, blancas… “Feliz cumpleaños, Martín”.