—¿Me crees tonta? —les gritaba— ¿Cómo que no lo vieron al salir?
Yolanda, su perrita faldera, estaba al lado de otra empleada que tenía cara de querer morirse
—Se lo juro, señora, que no lo hemos visto —decía— habrá salido en la madrugada…
—¡Mentira! —gritó Rebeca— ¡Aquí está su saco y su celular! ¿Me creen estúpidas?
Una de las empleadas, la más ingenua, se atrevió a decir
—Pero señora… si el señor llegó, ¿no fue a dormir con usted?…
La cachetada sonó hasta arriba
—Si hubiera dormido conmigo no