—¡No le hagan caso! ¡Ella no tiene poder en la empresa! ¡No puede despedirnos! ¡No puede hacer nada! ¡Solo habla!
Apenas terminó la frase…
PUM.
Le di una bofetada tan fuerte que la cabeza le giró y cayó otra vez al piso.
Un murmullo recorrió a los demás empleados. Algunos retrocedieron. Otros se quedaron pálidos.
Sentí un dolor agudo recorrer mi mano, pero no me importó.
—Saben a nombre de quien esta en la empresa?… —le dije, agachándome a su altura— De quien es el apellido? DE QUIEN ES EL APEL