—¿Qué petición? —preguntó Rita con la voz temblando.
—¿Qué te pidió exactamente? —insistió Joaquín.
Evaristo los miró uno por uno, como si se asegurara de que iban a escucharlo bien.
—Me ofreció su alma —dijo al fin— a cambio de la vida de su hermana.
El aire pareció detenerse.
—Me dijo que, si había una forma de que su hermana viviera o se salvara de lo que venía, aunque fuera imposible, aunque eso significara que ella muriera… yo tenía que hacerlo —continuó—. No importaba el método , que si ha