(Narra Amira)
Uno de los sirvientes de la mansión toca con delicadeza a la puerta de mi habitación.
—Adelante.
El hombre entra con una caja elegante entre las manos.
—Señora, llegó lo que pidió de la tienda.
Sonrío apenas.
—Gracias.
El sirviente inclina la cabeza y se retira.
Cuando la puerta se cierra, dejo la caja sobre la cama y desato despacio la cinta negra que la rodea. De su interior saco un vestido corto de tela oscura. Me lo pruebo frente al espejo. Queda ajustado al cuerpo y