(Narra Leonardo)
Mi padre suspira y me mira con dureza.
—Ahora dime, Aarón, ¿qué harás con ese perro? ¿Lo pondrás en la perrera? Me encantaría que lo hicieras porque ese es su sitio. Pon una cadena alrededor de su cuello y enciérralo en una jaula, con el resto de los animales.
Un escalofrío me recorre de pies a cabeza y, a pesar de que quisiera quebrarme y gritarle en la cara la gran basura que es, me mantengo firme y le respondo con voz calmada:
—No. Así no funciona. Él necesita tiempo p